Ya estoy en los Estados Unidos, invitado por la Organización «Diálogo Argentino Norteamericano» para compartir actividades enmarcadas en la próxima elección presidencial.

Lo observado hasta hoy es un alto grado de disconformidad en el ciudadano con ambos candidatos, sobre quienes manifiestan que no les inspiran confianza.

Sabido es que el votar es un derecho voluntario en Estados Unidos y, en consecuencia, será muy importante ver cuantos concurrirán a las urnas y cuantos se abstendrán.

En la calle es mínima la presencia de la campaña. En algunos negocios se ve la venta de remeras con la cara de los candidatos, pero no publicidad callejera. En la puerta del edificio donde vive Donald Trump permanece un reducido grupo de personas, partidarios de ambos candidatos, con carteles unos a favor y otros en contra, pero en calma, así como también algunos periodistas.

Lo que si se aprecia en la gente son posturas muy determinadas, casi de enojo. Si bien lo que me ha tocado conocer hablando con la gente era en favor de Clinton, los medios de prensa insisten en que existe una gran paridad. En los próximos días iré sumando comentarios. De lo que si estoy convencido es de que Estado Unidos enfrenta una situación muy especial en cuanto a la representación política.

Sería muy audaz a esta altura presumir de que pudiera hacer un diagnóstico, pero hay que estar atentos ya que creo que la crisis que muchos países vivimos en cuanto a la representatividad política, esta incubando también aquí.

En la foto al pie se puede ver a mi espalda el edificio de la Municipalidad de Nueva York.

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