Desde el pasado lunes me encuentro en Edimburgo, invitado por el Observatorio de Estudios Electorales y Políticos Institucionales de la Universidad Nacional de La Plata, para participar de la misión de observación electoral en las elecciones del 8 de junio en el Reino Unido, en las que se renovará el Parlamento británico y se elegirá al Primer Ministro de ese país.

Edimburgo es la capital de Escocia, una de las cuatro naciones que conforman Gran Bretaña, junto a Inglaterra, Irlanda y Gales. El sistema de gobierno que allí rige es la monarquía constitucional, en la cual la Corona es el símbolo del supremo poder ejecutivo. Esta ha sido otorgada a la Reina, pero en general sus funciones son ejercidas por Ministros responsables ante el Parlamento, requiriéndose la intervención de Su Majestad en un gran número de actos de gobierno.

Es ella quien convoca al Parlamento, clausura su período de sesiones y lo disuelve. Para que una ley quede sancionada debe prestar su Aprobación Real, que se anuncia a ambas cámaras del Parlamento (la de los Comunes, que es elegida por el pueblo, y la de los Lores).

La Jefatura de Gobierno la ejerce el Primer Ministro, que es el miembro del Parlamento que obtiene la mayoría de votos en la Cámara de los Comunes y generalmente es el líder del partido político con el mayor número de representantes en dicha Cámara. La actual Primer Ministra es Theresa May, del Partido Conservador, nombrada por la Reina a mediados del año pasado.

Si bien el Legislativo tenía mandato hasta el año 2020, las elecciones generales fueron anticipadas por Theresa May el pasado mes de abril, a fin de aumentar su mayoría parlamentaria y así lograr la estabilidad política necesaria para llevar a cabo las negociaciones para la salida de la Unión Europea.

En nuestra primera jornada en Escocia visitamos el Parlamento Escocés, legislativo unicameral compuesto por 129 diputados, que fue recuperado por ese país en el año 1998, ya que había sido disuelto tres siglos antes cuando Escocia e Inglaterra se fusionaron a través del Tratado de Unión de 1707, oportunidad en la que el poder legislativo pasó a ser desempeñado por el Parlamento del Reino Unido con sede en Londres.

Desde hace diez años el país es gobernado por el Partido Nacionalista Escocés, el SNP, encabezado por la Primera Ministra, Nicola Sturgeon, quien sostiene una postura separatista, a pesar de que en el referéndum realizado en el año 2014 el 52% de los escoceses votaron en contra de independizarse del Reino Unido, entre otras cosas para evitar quedarse fuera de la Unión Europea.

Actualmente Sturgeon quiere lanzar una nueva consulta popular en el mismo sentido basándose en que la situación cambió, teniendo en cuenta que la mayoría del pueblo escoces (el 62%) votó a favor de permanecer en la Unión Europea en el referéndum sobre el “Brexit” celebrado en junio del año pasado. No obstante, Theresa May ha indicado que no es el momento para que el mismo se lleve a cabo.

En los comicios nacionales del próximo jueves 8, se elige a los 650 representantes de la Cámara de los Comunes, para lo cual se divide al país en 650 distritos, en cada uno de los cuales se elige a un solo parlamentario. El partido que consigue la mayoría de los escaños es el que pone al primer ministro.

Las 650 circunscripciones se reparten entre los cuatro países que conforman el Reino: a Inglaterra se le asignan 533 bancas; a Escocia 59; Gales 40 e Irlanda del Norte 18.

En las últimas elecciones legislativas del año 2015 los nacionalistas escoceses consiguieron 56 de los 59 escaños que Escocia aporta al Parlamento británico.

Finalizando nuestra actividad en ese país tuvimos oportunidad de visitar la Universidad de Edimburgo y el Centro de Estudios Latinoamericanos de dicha Universidad.

 

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